Tuesday, 4 October 2011

Puerta En El Bosque


        Entonces abría los ojos y me encontraba en una habitación desconocida.

       En primera instancia, y en un breve vistazo parecía un ambiente vacío, sin muebles, sin ventanas, pero con una puerta. Luego de escasos segundos, y ante la total desorientación, me dirigí a la puerta, la abrí y apenas mis ojos accedieron a lo que había más allá no hubo más puerta, ni habitación. Estaba en una especie de bosque, ahora que lo pienso no podría decir que era justamente un bosque pero en ese momento lo pareció, predominaba el verde y lo irregular, aún ahora si debiera describir lo que vi y olí bien podría referirme a un bosque.
        Encuentro difícil seguir con el relato, no por lo que sucedió sino por lo que sentí. El punto final es que morí luego de unos momentos de abrir aquella puerta. Lo que habitó en medio de ambos sucesos fue uno y otro intento por evitar esa especie de muerte, que no fue ni es muerte, pero que así puedo ahora describir. Corrí, me defendí, sangré, pude esconderme hasta que pronto otra vez me encontraron, o me encontró porque sólo recuerdo a un ser. Y digo ser porque era hombre, pero también era monstruo, estaba en todos lados, sabía mis movimientos y no le hacían falta armas ni artilugios avanzados. Era él en mi contra, y eso alcanzaba para matarme. Sin embargo mucho más que esto no puedo decir, me repito, lo que pasó entre correr esconderme sangrar llorar no fue gran cosa, puede parecerlo pero no lo fue. Era yo, cuidandome, intentando sobrevivir, pero de lo que no puedo ni siquiera comenzar a hablar es de lo que sentí. Me encantaría poder nombrar el vacío, la desesperación, el terror, pero ninguna palabra se asemeja, siento realmente que pierde total sentido intentar hablar de ello, aún pudiendo, creo que no lo haría.
        Morí, o eso sentí, es la verdad, pero no me fui, lo próximo de mi muerte fue volver a nacer, volver a abrir los ojos, en ese mismo cuarto que minutos atrás había yo habitado.

        Entonces abría los ojos y me encontraba en una habitación desconocida.

     Me tomó realmente varios minutos entender lo que acontecía. Había muerto y había renacido, de forma instantánea, porque recordaba estar peleando por mi vida instantes atrás, contra un monstruo que cambiaba de formas, incluso a veces a la forma humana. Qué estaba sucediendo? No lo sabía, pero allí estaba, en esa habitación, con la misma puerta delante de mí. Me pregunté qué habría detrás de esa puerta? Y me respondí, y volví a aterrarme por lo que de forma segura, en pocos momentos debería atravesar, nuevamente. Me tomé un momento, a fin de cuentas nada parecía apresurarme a caminar por aquella puerta. Miré a mi alrededor, esperé encontrarme con la habitación completamente vacía, y así lo estaba. Decidí dar una segunda recorrida, y para mi sorpersa encontrpe un baúl de madera, caminé dos pasos hasta él y lo abrí. Estaba lleno de armas, me sorprendí y entendí que el sueño podría tener más coherencía de lo que en un momento pensé. Lo vacié, analicé una por una todas las armas que ahí encontré, algunas eran tan grandes y pesadas que me resultaban imposibles de cargar. Luego de varios minutos me encontraba seguramente con el doble de mi peso, tenía armas sujetadas en mis tobillos, en mi espalda y en mis manos. Mi cintura rodeada de cargadores y hasta incluso una serie de explosivos que pensé, me serían de gran utilidad. Estaba preparado, con la nueva disposición podría vencer a la bestia. Atravesé la puerta.
        Me encontré en el mismo bosque, pero en otro lugar, no hubo signos de mi aniquilador y contemplé el ambiente. Encontré árboles distintos a los anteriores, la hierba estaba más crecida y pude notar animales a la distancia. Al mirar al horizonte lo vi a él, ahora en forma de hombre, lo divisé calvo, corpulento, me asusté. Permanecimos así, a una clara distancia superior a los cien metros por unos instantes que para mí fueron horas. Dentro de mi sofocante miedo pensé que al verme armado él no me atacaría, que podríamos quizás dialogar, arreglar y entender qué era lo que sucedía. Pensé que debido a su urgente ataque yo no había tenido ni siquiera posibilidad de intentar comprender qué es lo que hacía allí. Mis pensamientos se vieron interrumpidos, él comenzó a acercarse, primero en una lenta caminata para ya luego tomar velocidad y venir hacia mí en una carrera mortal. El terror se transformó en un escalofriante nerviosismo, él venía otra vez a matarme, debía defenderme. Tomé con ambas manos un arma y apreté el gatillo en su dirección; nada sucedió. Desesperé aún más, le di golpes contra la palma de mi mano izquierda, intenté nuevamente; fracasé. Opté por tirarla a un costado, tomé el arma que atravesaba mi espalda, era más grande y más pesada. Me costó apuntar pero pude hacerlo, divisé a mi muerte a menos de cincuenta metros de mí, mi desesperación creció y en un acto instantáneo disparé; tampoco nada sucedió. Recordé de forma inmediata que nunca en mi vida había tenido yo contacto con armas, «sería cuestión realmente de apretar el gatillo y que las balas salgan?» pensé. Aparentemente no, debía de haber alguna especie de seguro o algo lo cual revisar antes de poder usarlas. El tiempo apremiaba, él se acercaba, mi muerte se acercaba. Miré el arma de costado y observé dos perillas que podían ser movidas en una única dirección, las corrí, apunté y rogué que el arma disparase. Así fue, las balas comenzaron a salir, me impulsaban hacia atrás, la fuerza que mis piernas hicieron para mantenerme en la misma posición fue increíble, pero lo logré. Al dejar de disparar me serené, el humo del cañón se dispersó y liberó mi vista, y la sorpresa. Él seguía corriendo en mi dirección aun más frenéticamente, su pecho mostraba claras señales del plomo que había recibido, sangre chorreaba por doquier y sus dientes, sus dientes estaban tan apretados que parecían a punto de quebrarse, sus ojos impetuosos apuntaban a los míos y volví a desesperar. Sólo tuve reacción para tomar una granada, quitar el pestillo y arrojarla delante de mí. La sentí explotar muy cerca mío, pues él ya se encontraba a tan sólo unos metros de mi posición. La explosión no me mató, caí varios metros atrás, inmóvil, no sentía el cuerpo y el fuerte sol no me permitía ver nada. De pronto se hizo la sombra, lo distinguí a él, calmo junto a mí, su torso se interponía entre el sol y mi vista. Y Nuevamente, me mató.

        Entonces abría los ojos y me encontraba en una habitación desconocida.

      Miré mi cuerpo y éste estaba entero, no había rastros de la explosión. Busqué signos de desesperación pero no encontré nada. Sólo podía recordarla, sentirla a través de lo que momentos atrás había vivido. Analisé lo que había acontecido por largo rato; entendí que en la habitación me encontraba tranquilo, seguro, sin miedo. Al cruzar la puerta todo cambiaba, al abrir la puerta le daba acceso al monstruo a mí propia vida. Era yo quien permitía mi propio exterminio. Tomé asiento, observé el cajón lleno de armas y sonreí, pasé las próximas horas meditando, mis ojos estaban relajados, cerrados y mi espalda derecha en línea con la pared. Dentro de mis pensamientos me escurrí en aquel bosque, reviví ambas secuencias momento a momento. Divisé en detalle el rostro del hombre, como así también sus otras monstruosas formas que predominaron en mi primer visita. Recorrí sensación a sensación lo que sentí en ambas oportunidades. Le di forma a lo indescriptible, a lo que no podía ni siquiera mencionar y entendí que la palabra más acertada para su descripción era la resignación. Sabía que moriría, y en efecto, moría. Y no por cuestión de no pelear, ya que me defendía con uñas y dientes, pero el hecho era saber que moriría, y que no había nada que hacer para cambiar eso, iba a morir en cada intento. Aquella bestia era indomable, sentí la imposibilidad de derrotarlo y también sentí que tenía un propósito, cuál era ese propósito escapaba mi conocimiento, pero él estaba allí para atosigarme y reiniciarme, y era implacable.
      Abrí los ojos y me puse de pie, volví a escudriñar el cuarto y di cabal cuenta de que no había emisión de luz. Estaba sellado sin ventanas que permitiesen la entrada de luz natural, tampoco había luz artificial pero sin embargo todo estaba, igual que antes, con una claridad apacible. Supe que el sueño tarde o temprano terminaría pero que sin embargo quedarme allí no era la mejor opción, pero sí la más segura. Deseché la opción, saldría nuevamente por aquella puerta, me adentraría en el bosque y de ser necesario, me enfrentaría nuevamente a mi fin. Cerré los ojos frente a la puerta, respiré lentamente y la abrí.
      El bosque, otra vez, distinto pero igual, animales y aves, olores y colores, y a lo lejos él, el fin, la bestia, el diablo, el dios, la muerte, el nacimiento, el aprendizaje. Caminé lenta y firmemente en su dirección, ninguno apartó la vista del otro hasta que ya muy cerca de él divisé a sus espaldas una puerta acompañada por ninguna pared, sólo la puerta rodeada por el bosque. Allí debía de dirigirme. La expresión de él era seria, y pareció sorprenderse de mi encuentro visual con la puerta, movió su cabeza de costado levemente y se apartó cuidadosamente dando dos pasos al costado. Seguí caminando y al pasar por su costado me detuvo colocando su mano en mi pecho. Lo miré y sonrió con sus labios, sentí rastros de pena en su callada y quieta sonrisa. Me mató sin hacer movimiento alguno, nuevamente.
        Giré mi cabeza hacia atrás y lo vi a varios metros de mí. Estaba yo en la entrada de la puerta en el bosque. Sonrió de forma idéntica y acepto con un movimiento de cabeza, nos dimos vuelta separándonos así de forma definitiva. La puerta estaba abierta, a través de ella veía el mismo bosque. La atravesé.

        Entonces abría los ojos y me encontraba en una habitación desconocida.

2 comments:

  1. Al parecer actuaste bien, el haber intentado en más de una ocasión, el haber visto la puerta, y que en definitiva de cuentas te haya matado/dejado pasar.
    Siempre entendí la dificultad de escribir los sueños, son visiones y sensaciones, y darle palabras o intentar explicaciones puede resultar un tanto duro.
    Creo que lo hiciste de forma maravillosa.

    Como siempre, me despido con mis más humildes saludos.

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