Sunday, 4 September 2011

Lo Hermoso

    
    Estaba viviendo esto? Era una pregunta que mi boca nunca presenció, una pregunta tácita que nunca se pensó más de la cuenta. Porque cuáles eran las posibilidades de que ella, mujer magnífica, estuviera sola al momento de cruzarse en mi vida. Ella, de proporciones finas y hermosas era el desear de todo hombre, y cuando digo todo realmente me refiero a todos. Ella que tuvo una infinidad de seres a sus pies, a su merced, muchos de los cuales podían ser realmente el deseo de millares y millares. Pero no para ella, porque su amor no quiere hacer regalos, su amor quiere ser ganado. Y adonde encajaba yo en eso de ganarme su amor? No lo sé, más sólo me encontré una tarde cantando girasoles y haciéndole cosquillas al viento. Intenté y hasta creo logré disfrutar al máximo cada uno de nuestros primeros encuentros, supe que serían únicos e irrepetibles. Pero aún así ahora los veo a lo lejos. Estaba yo conociendo y deseando al amor de mi vida y de golpe estábamos juntos, soñando un sueño mutuo y viviendo un presente de mejillas acaloradas.
    Había llegado a mí como un rayo que atraviesa dejando un calor húmedo que se hace sentir, que no se apaga y que nos cambia, radicalmente, de por vida. Muchas cosas nos son dadas de antemano por el mero hecho de vivir, a todas ellas nos acostumbramos y son parte de una obviedad inconclusa. Pero el amor? El amor llega y genera un cambio único, irrepetible y hermoso del cual uno al es consciente, sabe de la imposibilidad de vivir sin él. Ese pequeño ardor que sentimos ella y yo era la razón irrefutable de que nuestro amor era puro, verdadero, único, y muchas veces me preguntó cómo sería vivir sin esa sensación en el plexo solar, yo le contestaba con otra pregunta; te imaginas viviendo sin mí? Y acto seguido me besaba y abrazaba con un suave jamás mi amor. Sentía que la felicidad que hasta entonces había vivido no tenía razón de ser adulada, lo que ella con su amor me generaba era utópico. Comprendí los misterios más grandes del sentimiento, y verifiqué que la vida es una sola. Así debía de serlo, para qué más?
   Una tarde, tirados en una plaza sin hacer nada, pero sintiendo absolutamente todo me dijo que conmigo habían venido una serie de cambios para ella. Giré de costado y la enfrenté, comenzó a hablar de sus celos, nunca habían existido pero conmigo todo era distinto. Se encontraba por momentos desconfiando no de mí, sino de otras mujeres y eso le generaba una comezón en el estómago, recuerdo incluso que se ruborizó al contarmelo. Acaricié su pelo, le dije que era la mujer más hermosa que mis ojos habían alguna vez cruzado y confesé que sería mi ejercicio diario y de por vida hacerla sentir a ella como mi única. No importaba si sus desconfianzas tenían o no fundamentos, no importaba de quien se tratase ni de tener o no razón. Lo único que sí importaba era verla feliz a ella, contenta, segura de mí y de nuestro amor. Esa noche me hizo el amor como nunca, lo recuerdo como el aire que ahora respiro. Fue amor y fue pasión. Y yo me pregunté en más de una ocasión si mis palabras habían sido las correctas. Estaba bien asentir y dar la razón aún cuando ésta no fuera cierta? Debía yo de darle esa clase de gustos incluso cuando la situación demostrase lo contrario? Y me respondí que sí, que la malcriaría de ese y otros tiernos modos, total a mí qué me importaba el resto, si ella esa noche me había amado como nunca. Nosotros ardíamos no sólo por dentro, sino también por fuera.
    Pasábamos horas hablando y escuchándonos. Por momentos me encontraba ante un monólogo de ella, y por otros todo era mi propia sinfonía. Ello me encantaba, comprendía que ambos eramos un mundo entero y distinto y que por algún místico modo encastraban a la perfección. No se trataba de habernos encontrado como medias naranjas y estar completos. Nadie tapaba ningún agujero, eramos dos naranjas completas que irían de la mano, por siempre.
    Recuerdo sus expresiones con las primeras cartas, se moría de felicidad, se moría de ganas de más y sus alas se iban en un viaje temporal al futuro. Luego llegaron las primeras canciones y ella comenzaba poco a poco a sentirse única, a formar parte de una novela,  esas que uno lee maravillado y desairado porque sabe que nunca la vida será así. Pues para ella y para mí todo comenzaba a serlo. Y recuerdo también el día que le regalé su libro más preciado, ese del que tiene ocho ediciones. Pero el regalo fue distinto, jamás podría ella encontrar una portada, una edición, unas palabras tal cual mi regalo. Y sus ojos se llenaron de lágrimas y sus mejillas se mostraron derrotadas. Cerré los ojos y suspiré, comprendí que luego de tanto tiempo juntos aún tenía yo en mi poder la capacidad de sorprenderla, de hacerla feliz, de enrojecer su cuerpo haciéndola sentir viva. Supe, sin la menor duda, que estabamos siendo parte de la más bella historia de amor. 
   Pero también llegó el momento menos deseado, el de nuestra primer discusión. Era un tema sin cuidado y nada importante pero por algún motivo no pudimos frenar. Discutimos un largo rato y terminamos de espaldas, no nos podíamos ver pero estábamos ahí. Me costaba respirar, el silencio era desgarrador. Olía su perfume y su piel, mi boca estaba seca y el alma se me alcalambraba. Cada segundo me robaba un ápice de vida y yo buscaba incesablemente qué decir. Ella me ganó, con una suavidad que aún hoy recuerdo; Creerías en este momento si te dijera que te quiero mucho? Di media vuelta y la besé, y la abracé, y quise de ser posible meterme entero en su cuerpo para expresarle cuanto la amaba. Nos prometí que cada momento de dificultad debía de ser así, hablarlo, discutirlo e incluso pelearlo, pero que llegado el momento habría una pausa, un silencio quizá largo, pero que luego nos miraríamos y nos diríamos cuanto nos amamos, entendiendo así sin un gramo de dudas que eso es lo único que terminará valiendo. Nada más importa pensé, y ella también lo pensó, la leí.

2 comments:

  1. «Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte.»

    Una lee la descripción personal y los ojos se abren. Luego una comienza a dar vueltas por las entradas y ellos se van cerrando, lentamente. Encaja.

    Saludos.

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  2. "Hermoso"... Y de eso se trata todo, de esa lectura... Beso!

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