Friday, 20 August 2010

Weary Hostel



Julio, 2010

     Me despedí de Marjorie. Aquella suiza que conocí en Mérida con la cual compartí algunos días de mi viaje. Chichen Itza, nuestra última parada juntos no fue lo que esperaba. Siempre pensé que estar frente a tales pirámides llenas de un pasado inimaginable podría llegar a impactarme o a contagiarme con algunos sentimientos. La verdad es que el impacto fue solo para mi vista. Queda uno realmente maravillado con la grandeza y la belleza estética de esas estructuras. Es realmente distinto, no son edificios o palacios en los que vivieron occidentales capitalistas, socialistas o anarquistas. En aquellas ruinas hubo definitivamente algo distinto pero que aún así no llegué a sentir. Quizás por los millones de turistas que día a día invaden el lugar, o quizás por no tener la suficiente claridad como para sentir algo distinto, o tal vez simplemente porque dichas sensaciones no eran para mí. Aún así, la visita fue obligada, era uno de los motivos de mi viaje y ya había llegado a su fin.
Subí al ómnibus que me llevaría hacia Tulum y me acomodé para descansar durante el viaje que no debería durar mas de dos horas. En esos momentos la lluvia estaba comenzando a ser realmente pesada y si bien el viaje podía parecer atemorizante debido al clima, ello no fue obstáculo para que pueda dormir placenteramente. Al llegar a Tulum la lluvia era ya incesante. Tomé mi valija lo mas rápidamente posible y corrí los pocos metros que me distanciaban del reparo que ofrecía la pequeña estación. Busqué un asiento libre y sin más me senté, saqué de mi mochila el libro de Lonely Planet y busqué la dirección del hostel al cual me iba a dirigir. Para mi alegría la distancia entre la estación y mi futuro destino era de tan solo un par de cuadras. En esos momentos pensé que con tanta lluvia sería ideal que el Weary Hostel tuviese lugar disponible, ya que la idea de deambular con los casi 20 kilos que traía encima en plena lluvia no me era muy atractiva. Guardé mi libro y comencé a diagramar en mi mente lo que sería mi próximo día. Mi estadía en Tulum en un principio duraría no más de 48 horas. Quería ir a las tan populares playas, esas en donde predomina el blanco y en donde la finura de la arena es tanta que al entrar en contacto con la piel queda adherida y el trabajo que uno debe realizar para sacársela es agotador. También tenía en mente visitar las ruinas allí situadas y quizás dirigirme al cenote a probar el hoy día tan popular esnórqueling.
En ese momento mi travesía mental tuvo un momento de pausa y distinguí que la lluvia no era ya tan pesada. Miré a mi alrededor y observé en el rostro de la gente acumulada en la estación la duda de si era o no el momento indicado para salir. Eso fue señal suficiente para mí de que efectivamente ya era el momento. Mochila grande en la espalda, mochila pequeña en el frente y a caminar. Me dirigí al Weary Hostel y luego de dos cortas cuadras estaba ya esperando a ser atendido.
El muchacho de la recepción parecía mestizo y tenía la clásica tonada, que al menos yo, reconocía como mexicana. Estaba explicando a una muchacha de un español casi no-existente como utilizar el sistema de check-out. En ese momento me di cuenta de que había una computadora para darse de alta y de baja del hostel. Eso si era toda una novedad. Abandoné esa situación y a mis oídos llegó proveniente de mi espalda una conversación entre una chica joven y un hombre aparentemente más grande. La joven hablaba un inglés hermoso, de ese que se escucha en las películas británicas y el hombre por su parte un americano rápido y con letras suprimidas. Hablaban de lo hermosa que eran las playas de esa ciudad y el muchacho enfocaba la conversación en referencia a la arena y a su adhesión a la piel.
Esa charla llevaba unos largos minutos y decidí abandonar la atención que en ella había puesto para así poder introducirme al empleado y preguntar si podían hospedarme. En ese instante cuando levanté la mirada y apunté hacia el recepcionista me llevé la sorpresa de que ya no estaba en la recepción, aparentemente había ido a atender algún asunto con la muchacha del check-out porque ella tampoco estaba presente. Pasaron unos pocos minutos más y el mexicano volvió. Pidió disculpas y se excusó diciendo que en los días de lluvia el trabajo era aún mas pesado. En ese instante le pregunté por una habitación y me dijo que no había inconvenientes, que tenían disponibilidad ya que era un hostel muy grande y que podía albergar cerca de 50 personas. Me sentí contento y decidí dejar mis mochilas en el piso para estar cómodo. Estaba próximo a entregarle mi pasaporte cuando me interrumpió al decirme si podía disculparlo por otro momento ya que debía ir en búsqueda de algo a la parte trasera del hostel. Creí en ese momento que ya las interrupciones habían sido muchas pero no había mucho que hacer, solo aceptar su petición. Para robarme una mueca de sonrisa dijo que podía ir ganando algo de tiempo realizando el check-in en su sistema computarizado.
Fue raro y divertido, era un proceso medianamente rápido por el cual uno ingresaba sus datos, indicaba cuanto iba a quedarse y en última instancia, se elegía la habitación. Al llegar a este punto tenía algunas alternativas para elegir. Tres habitaciones distintas, tres camas en las que dormir y tres grupos de personas con las cuales compartir mi estadía. Dos de ellas eran literas y tenían como opción la cama superior cosa que nunca fue de mi agrado, siempre me sentí mas cómodo durmiendo en la cama inferior. La tercera opción era una cama simple pegada a una ventana lo cual me pareció realmente único ya que en los hostels el común denominador son las literas. Decidí ir por esa cama y aún no podía dejar de sorprenderme por el sofisticado sistema informático que poseía dicho hostel, comenzaba poco a poco a entender por qué el Lonely Planet lo había distinguido como el hostel recomendado de aquella ciudad. Pocos minutos después de la elección de cama me daría cuenta del error que había cometido.
Al momento siguiente el recepcionista volvió, chequeo que los datos ingresados fueran los mismos que los que informaba mi pasaporte, cobró por la cama a ocupar y procedió a acompañarme a mi habitación. En la corta caminata pasamos por un una especia de hall que hacía de lugar común en donde había mucha gente reunida. Era un espacio al aire libre tapado con lonas, como las que en Argentina se ven en los antiguos kioscos, atadas precariamente para servir de reparo ante la lluvia. Había 3 mesas rectangulares a lo largo y en sus costados tablones que servían de sillas. Pude distinguir que ciertas partes de dichos tablones no estaban ocupados porque allí había goteras o porque directamente esos lugares no llegaban a ser cubiertos por las lonas. Todo aquello me pareció muy precario y reí, después de todo, hay una pequeña s de diferencia entre hotel y hostel y a veces tal diferencia se nota.
Subimos por una escalera caracol y ascendimos a la parte superior del hostel. Constaba de un pasillo al aire libre el cual daba a las puertas de las habitaciones ubicadas en ese primer piso. Allí ya no había lonas con lo cual cubrirse de la lluvia por lo que uno debía caminar arrinconado a la pared para no mojarse. Mi habitación estaba situada en la primera puerta luego de subir por la escalera. El muchacho se despidió, me entregó la llave y dijo que ante cualquier duda podía acudir a él en la recepción. Le agradecí por todo lo hecho aunque en mi mente aún daba vueltas toda la espera que había sufrido para simplemente atenderme y darme una habitación. Claro que al instante de entrar al cuarto todo aquello pasaría ya a un segundo plano.
Abrí la puerta y a mi derecha lo primero que observé es a una mujer rubia, de pelo un tanto ondulado, con raíces mezcladas entre negras y blancas, y de aspecto deslucido, parecía un ser totalmente dejado, abandonado. Por mujer me refiero a una señora de unos 40 y tantos años. Al ver su rostro y notar todo esto se me vino a la cabeza el claro pensamiento de que los hostels están en su mayoría ocupados por mochileros, por viajeros y que como tales, suelen ser jóvenes. Era realmente algo nuevo verla a ella allí sentada, en el piso y descalza.
Mi novedad fue aún más cuando bajé la mirada y observé lo que estaba haciendo. Estaba aspirando cocaína. En ese preciso instante terminé de abrir la puerta y pude divisar con el rabo del ojo la totalidad de la habitación. Era diminuta y había más gente en ella. Mi estado era aún de sorpresa y no podía apartar la mirada de la mujer que apuntaba su cabeza hacia el piso al parecer en un estado de perplejidad por lo que acababa de hacer. Estaba cruzada de piernas y mientras tiraba el envoltorio de la cocaína a un costado comenzó a alzar su cabeza. Dejó de lado el canuto y poco a poco empezó la odisea de abrir sus ojos al máximo realzando fervorosamente lo saltones que eran sus ojos. En ese momento pude dar un vistazo completo a la habitación y así ver que había dos personas más, dos hombres. Pude decir “hola” de la manera mas firme posible cuando ella abruptamente giró su cabeza y me encaró. Aún desde el piso estiró su mano y estrechándola junto a la mía dijo que su nombre era Elizabeth, que venía de Australia y que debía de sentirme como en mi casa ya que ella llevaba viviendo allí un tiempo considerable y que esa era su casa, y por consecuente la mía. Luego de soltar mi mano procedí a saludar a los dos hombres.
Uno de ellos era calvo, delgado, no llevaba puesta una remera, solo tenía unos pantalones camuflados y estaba descalzo. Parecía de unos 30 años y tenía una visible marca roja en la esclerótica de su ojo derecho. Quise apartar rápidamente la vista de aquel defecto para no generar un malestar y estreche mi mano con el segundo muchacho. El también estaba sentado en el piso, a la derecha de Elizabeth y en frente de mí. Era joven,  de pelo rubio y corto, se presentó como John, dijo que era de los Estados Unidos y me invitó a dejar caer mi mochila para estar más cómodo. En ese momento me di cuenta de que había abandonado la introducción con el hombre calvo sin ni siquiera darle la oportunidad de presentarse.
Puse mis cosas sobre el piso y observé la cama que debía ocupar. Era la más cercana a mí en ese momento. Estaba ubicada al costado derecho de la puerta y era una cama simple, pero que formaba parte de un conjunto de tres camas. Dos de ellas en forma de litera, contra la pared derecha perpendicular a la puerta. Desde el borde de esa litera nacía por medio de complejas soldaduras el fondo de lo que era mi cama. Me saqué la campera y la tiré encima de ella. Me senté y me presenté. Preguntaron el motivo de mi viaje y luego compartieron sus pensamientos acerca de Argentina. Los dos muchachos coincidieron en que querían, tarde o temprano, visitar el país. Me preguntaron por el cambio con respecto al dólar y luego Elizabeth preguntó que tan fácil sería para un inmigrante quedarse a vivir de forma legar o ilegal en el país. Expresé mi opinión y mientras lo hacía diversos cuestionamientos acerca de la vida de aquella inusitada mujer me abordaron. Sería una vagabunda? Tendría familia? Estará de forma ilegal en México hace sabe uno cuanto tiempo? Estaba realmente intrigado acerca de ella pero de ninguna manera era ese el momento para hablar de tales cosas, sobre todo teniendo en cuenta su estado. Sus ojos estaban rojos y su mirada totalmente perdida, suponía yo por el efecto de la cocaína.
Luego de unos momentos Elizabeth preguntó si queríamos fumar marihuana. El muchacho calvo se negó y yo también, por su parte el americano asintió con lo cual la mujer australiana procedió con el armado de tal cigarrillo. Por ese entonces el hombre calvo, del cual aún no sabía nada, tomó el hilo de la conversación. Dijo que venía de Israel y que llevaba viajando mucho tiempo. Había estado por los Estados Unidos y por una gran cantidad de países europeos. En su voz había un tono amenazante y desafiante, de los tres era el único que me inspiraba cierto cuidado. El americano parecía simplemente alguien, y la australiana parecía una hippie loca, en cambio el israelí era un asunto distinto. Tenía una mirada oscura potenciada al extremo por el defecto en su ojo, y al mismo tiempo en su forma de hablar encontraba yo una amenaza constante. Su tono parecía estar siempre a la espera de una contradicción para comenzar una contienda.
Entre una historia y otra, el israelí dejaba lugar a momentos de silencio en los cuales yo contemplaba la situación. Lo primero que venía a mi mente era el tema de las drogas. El problema no eran ellas si no el ambiente. Nunca las había visto así tan abiertamente dentro de un hostel. Lo segundo que no podía sacar de mi cabeza era a aquella mujer. Estaba intrigado y maravillado al mismo tiempo. La intriga nacía por el hecho de querer saber más de su vida. Qué lleva a una mujer de 40 años a vivir en un hostel? Era una hippie sin dudas y yo nunca había conocido alguien así. Lo que me maravillaba era una sensación que vino a mí a los pocos momentos de estar en esa habitación; De alguna u otra manera ella llevaba y manejaba el hilo de la conversación. El muchacho americano parecía realmente joven y no incidía mucho en ello, pero Elizabeth disponía a gusto del curso que tomaban las historias con el hombre calvo. Tenía total control de la situación, y la charla de alguna u otra manera tomaba el curso que ella quería.  
Al instante la mujer terminó de preparar el cigarrillo de marihuana y comenzó a fumar mientras contaba alguna de sus andanzas con un antiguo viajero del hostel. Segundos mas tarde convidó con el cigarrillo a John y luego le ofreció al calvo israelí el cual movió su cabeza negativamente. El siguiente paso fue estirar su mano con el cigarrillo entre sus dedos intentando dármelo. Respondí negativamente y ella tomó una postura insistente. En ese momento tuve que decidir rápidamente en como hacerle entender que no iba a fumar sin sonar agresivo, pero al mismo tiempo sí siendo determinante. Miré al israelí y dije en tono firme que no deseaba fumar y que esa era mi última palabra. El asintió con su cabeza y miró a Elizabeth quien tenía una expresión de sorpresa en su rostro. Ella también asintió y siguió fumando junto a John. Me sentí contento por mi decisión, siempre cuando una situación con el primero en mando se compromete, reafirmar la postura con el segundo puede resultar positivo. Este fue uno de esos casos, había logrado lo que quería.
Ellos siguieron hablando de historias pasadas mientras yo decidí guardar mis cosas en el casillero que correspondía con mi cama. En ese momento terminé de comprender que la habitación era excesivamente chica. En la otra pared perpendicular a mi cama y a la puerta había otra litera. En total eran cinco camas mas un baño y una ducha teniendo la habitación como mucho cinco por cinco metros. El espacio era realmente diminuto lo cual me hizo entender el por qué de que tanta gente pase tiempo en las mesas que había visto antes de; las habitaciones eran realmente pequeñas. Terminé de guardar mis cosas y aprovechando un momento de silencio pregunté si se conocían. John dijo que había llegado al hostel hacía pocos días mientras que el israelí dijo señalando a Elizabeth:

-Estoy casado con esta putita.

Ella sonrió mientras intercambiaban miradas cómplices. Reí por lo bajo y luego de un momento ambos asumieron que se habían conocido hacía unos instantes ya que el hombre de Israel había arribado al hostel unos minutos antes que yo. Podría jurar que no me habría espantado el afirmar que ellos estaban en realidad casados. Ambos eran seres extremadamente raros y sus palabras y miradas por momentos parecían claros ejemplos de cómplices empedernidos.
Luego de las risas el israelí comenzó a quejarse de su litera y la charla cambió de tono completamente. Estaba ubicado en la cama inferior de la litera hacia mi izquierda y el espacio entre ella y la cama superior era extremadamente chico. Preguntó a Elizabeth si en la cama de arriba había alguien porque en la habitación éramos cuatro personas y esa cama bien podía estar vacía. Elizabeth respondió que sí estaba ocupada pero que simplemente no estaba esa persona en el hostel en ese momento. El israelí siguió insultando al aire y luego se volvió hacia mí. Tuvimos la siguiente conversación:

-Daniel, cómo es que estás en esa cama si llegaste después que yo?
-Cuando realicé el check-in. Allí en una de las opciones uno podía elegir la cama. –Dije calmadamente.
-Malditos estúpidos chicos de computadoras…

Supuse que el insulto no estaba directamente dirigido a mí sino al hecho de que el sistema para entrar al hostel sea computarizado. En el medio de mi debate interno por querer comprender que no estaba queriendo culparme por su error interrumpió el silencio.

-Y aprovechando que llegué antes que tu. Podríamos cambiar de cama, verdad?
-Creo que no.-respondí.-De hecho la elegí junto a la ventana a propósito.

Pasaron unos segundos y se quedó contemplándome hasta que nuevamente apagó el silencio y en el tono mas serio que podía yo escuchar me dijo:

-En serio, deberíamos intercambiar camas, voy a estar mucho mas cómodo allí donde tu estas.
-Creo que no, así estoy bien. –Dije nuevamente tratando de sonar lo mas seguro posible.

Me sorprendí a mi mismo al mantenerme firme en mi posición y entendí que la charla era ahora tensa. Miré al frente y a mi derecha y observé a John y a Elizabeth. Estaban aún fumando. El americano apuntaba sus ojos al suelo mientras que ella nos miraba de reojo al israelí y a mí. Tenía ganas de irme corriendo de aquel horrible hostel. El lugar era en exceso incómodo y la gente con la cual me tocaba compartir habitación era o bien loca, o terrorífica y tan solo llevaba unos veinte minutos allí.
Me propuse, internamente, calmar. Y decidí hacerme la promesa de que si algo realmente se iba de mis manos me iría del hostel. Esperé unos minutos, saqué mis dos libros de la mochila y busque otro hostel cerca en caso de necesitarlo. Guardé ese y me dirigí escaleras abajo con mi otro libro al área común en donde estaban las mesas que desde la entrada del hostel podían verse. Me senté en la mesa menos ocupada buscando reparo de la lluvia, saludé a los que estaban próximos a mí y comencé a leer.
Luego de unos treinta minutos divisé a John pasar por allí y unos pocos momentos después escuche la voz de Elizabeth. Estaba bajando la escalera caracol junto con el israelí que traía puesta una remera oscura. Cuando hubieron terminado de bajar la escalera corrí mi mirada y seguí leyendo. Los escuché hablar mientras seguían caminando, ella alternaba palabras hacia él y saludos para la gente que veía en las mesas. Por último me vieron y ella hizo ademán de venir a mi mesa que en definitiva era la única que disponía de lugar.
Llegaron e inmediatamente dejaron unos cubiertos sobre la mesa y se dirigieron a una especia de quincho el cual contenía la cocina. Una vez allí se dispusieron a preparar, por lo que podía ver a la distancia, una ensalada. Seguí en mi tarea por unos momentos cuando nuevamente vi pasar a John, iba en dirección a la escalera y esta vez estaba acompañado de dos jóvenes muchachas. Lo seguí con la mirada y los tres entraron a lo que era nuestra habitación. En ese instante recordé que había una cama libre y asumí que quizás una de esas chicas ocupaba la parte superior de la litera por la cual antes habíamos hablado el israelí y yo. Asumí también que la otra jovencita que iba con John podía ser bien una amiga de ellos.
 Momentos mas tarde volvieron Elizabeth junto al calvo de pantalones camuflados y se dispusieron a comer su ensalada sentándose frente a mi. Eran desconocidos, ya había afirmado eso, y sin embargo verlos juntos era algo sumamente común. De ninguna manera parecían haberse encontrado esa misma tarde.  Ellos comían y hablaban en voz baja. Yo leía y analizaba la situación cuando interrumpió en la mesa un muchacho alto, rubio y de ojos claramente celestes. Se sentó a mi lado y saludo efusivamente a Elizabeth mientras que al israelí y a mí nos brindo un frío hola. Seguí con el libro abierto simulando leer mientras su charla tenía lugar. El joven era noruego y al parecer tenía varios días en el hostel ya que su relación con Elizabeth parecía muy amistosa. Su nombre era Tom y en un determinado punto del relato que estaba haciendo hizo un comentario acerca de la armada de su país. Dijo que tenían un entrenamiento distinto al del resto de Europa y afirmó enfáticamente que estaban un paso por delante de cualquiera. En ese momento moví mis ojos y miré al calvo israelí. Tenía sus ojos fijos y amenazantes hacía Tom quien pareció dar cuenta de esto y decidió incluir al israelí en la conversación.

-Perdón, no me introduje, soy Tom de noruega. Cómo es tu nombre?
-Vengo de Israel, y mi nombre es muy complicado de pronunciar así que no hay caso en que lo sepas. –dijo el israelí calvo con el defecto en su ojo mas pronunciado que nunca. Su tono era excesivamente cortante. Como queriendo terminar la conversación antes de haberla empezado.
-Vamos, quiero intentarlo, prometo que por más difícil que sea antes de que abandones el hostel voy a pronunciarlo bien. –insistió el joven noruego.
-Dale. –interrumpió Elizabeth en tono amistoso. -quiere su oportunidad y deberías de dársela.
-Mi nombre es Jadash. –Dijo y luego lo deletreo a pedido de Elizabeth.

En ese momento Tom intentó pronunciar el nombre unas cuantas veces y Jadash con expresión seria, mirando de costado y con ojos firmes, movía su cabeza con expresión negativa. A mi entender el nombre parecía estar bien pronunciado, pero creo que lo único que el israelí quería era buscar una pelea o simplemente llevarle la contra. Luego de de algunas pruebas mas interrumpió a Tom.

-Por favor, tus intentos de pronunciar mi nombre son tan malos que están próximos a dañar mis oídos. Por favor, sigue tu conversación con Elizabeth y haz de cuenta que no existo.

Los segundos venideros fueron de velorio. Lo único que se escuchó era el bullicio de las conversaciones en las otras mesas y mi sorpresa fue aún más cuando vi a Elizabeth reír. No sabía si no había entendido la situación o si efectivamente disfrutaba de tales discusiones. Me pareció enferma.
Realmente yo creía que el joven noruego era un engreído. Oírlo hablar de su país como si transcurriese un eterno apogeo y como si nada lo igualase me hacía pensar en que la importancia que se tenía así mismo era infinita. Es decir, no parecía un mal chico ni nada por el estilo, pero simplemente pecaba de pedante. De todas maneras lo que acababa de ocurrir no era para mí un merecido ante lo que había dicho. El ataque infundado de Jadash no tenía lugar. Uno supone que los viajes, vacaciones o como uno le quiera llamar tienen que ser en términos amistosos. Conocer nuevos lugares y gente es para la mayoría algo novedoso y entretenido. Para Jadash no era tal el caso y si bien en nuestro cuarto había atravesado una situación parecida con el, aquí la cuestión había ido un poco mas lejos.
Momentos después y sin decir nada, Tom se alejó de la mesa. Yo continué, como durante todo el suceso, con los ojos en mi libro sin prestarle atención a las palabras y sin poder sacarme de la cabeza la situación que momentos atrás había tenido lugar.

-Hey Daniel, quieres un poco de ensalada? Las estamos acompañando con galletas. –Dijo para mi sorpresa Jadash.
-No gracias, en unos momentos voy a cenar. –dije de forma amable.

Intercambiamos entre los tres una charla que parecía amistosa con risas y chistes incluidos. Luego me disculpé y dije que me dirigía al cuarto a buscar mi campera para salir a comer. Era aún temprano para salir a cenar, pero creo que necesitaba una excusa para alejarme de ellos. Una hora atrás estaba en una situación tensa con Jadash, momentos después él se encontraba al borde de iniciar una pelea con Tom y ahora estaba hablándome como si fuéramos amigos. Esos cambios realmente me disgustan ya que en general la gente impredecible tiende a ser graciosa. Pero cuando una persona es violenta y tiende a buscarle lo malo a las cosas la situación puede ser aterradora. Jadash era una de esas personas.

Subí la escalera caracol y abrí la puerta de nuestro cuarto. Mi ojos se abrieron de par en par.

-Daniel, cómo va?

Era la voz de John quien estaba teniendo sexo con las dos muchachas que habían ingresado al cuarto con él. Estaban tirados en el piso sobre uno de los colchones y lo hacían con la luz prendida sin ningún tipo de indicación que previniera el ingreso a la habitación. John y una de las muchachas estaban totalmente desnudos mientras que la otra, de cabello negro y mediana estatura, solo estaba desvestida en la parte inferior. Pude divisar un tatuaje que rodeaba su pierna izquierda. Una especie de tribal en colores negro y rojo. Ninguno de los tres sintió pudor al verme entrar y por unos momentos ellas me observaron detenidamente. Luego volvieron a lo suyo y yo a lo mío pero pude notar que la morocha de pierna tatuada se quedo observándome unos momentos mas. John habló nuevamente y me dijo que haga mis cosas sin apuro ya que ellos tenían para unos momentos más.
No me tomó mucho volver a salir del cuarto y mientras lo hacía la chica con quien intercambié miradas me dijo en un español muy principiante:

-Adiós güerito.

Los 4 reímos, la miré, le guiñé el ojo y cerré la puerta. Caminé hasta la salida del hostel y di unas cuantas vueltas por el pueblo bajo la lluvia. Contemplé toda la situación desde mi llegada al hostel y creo que si algo faltaba era una sorpresa de tal magnitud por parte del americano. Me había parecido un viajante común y corriente. De esos que si consiguen una chica con la cual acostarse sería en un entorno íntimo y cuidado. Sin embargo ese muchacho, al igual que el resto de mis compañeros de cuarto, se había salido de lo normal.
Decidí esperar un par de horas antes de volver al hostel. Revisé mi correo, cené una quesadilla de hongos con unos tacos dorados y luego encaré hacia el hostel. Cuando llegué a la entrada me encontré con el recepcionista quien parecía estar haciendo algo personal en la computadora. Me paré frente al mostrador y esperé a que me mirara para comenzarle a hablar. Quería saber los horarios de los colectivos que por la mañana llevaban gente desde el hostel hacia las ruinas. En ese instante se acercó una chica con el que parecía ser su novio desde el interior del hostel. Ella quedó a mi lado mientras que él se dispuso a leer una especie de cartelera ubicada a nuestras espaldas.
En ese momento el recepcionista se propuso abandonar su actividad y comenzar a atendernos, pero para mi novedad comenzó por ella. Mi asombro hacia él no era ya asombro sino rabia. Era realmente pésimo en su labor de encargado de recepción y lo que segundos mas tarde sucedería terminaría por confirmar aún mas mi teoría.
La muchacha le consultó por una excursión y en última instancia preguntó por los colectivos de los cuales yo también quería saber. Con mis dudas ya respuestas estaba dispuesto a irme hacia mi cuarto cuando observé que el recepcionista me hacía una sutil seña para que aguardase allí mismo. Me quedé entonces a la espera y vi como la joven besaba al muchacho con el que llegó a la recepción mientras volvían al interior del hostel. En ese momento el recepcionista la observaba con una cara realmente desagradable. Cuando quedamos solos me miró.

-Qué linda esa rubia verdad? Cómo me gustaría encamármela. –dijo en un tono desagradablemente sexual.

Me quedé esperando con expresión seria por lo que quisiera decirme y al ver mi seriedad comenzó a reír nerviosamente y dijo que solo quería expresarme eso. Su actitud me pareció realmente enferma. Hacer tal comentario a un desconocido como yo, sobre una desconocida la cual estaba con su pareja no entraba en mis cuestiones normales. Sin decir nada emprendí camino hacia mi cuarto sumando una nueva y rara situación a mi estadía.
        Subí por las escaleras esperando que mi entrada al cuarto no volviera a interrumpir a John. Divisé que no había luces prendidas y entré. Nadie estaba aún durmiendo así que me encontraba solo en la habitación. Miré el colchón que habían usado las muchachas y John y no parecía tener rastros de suciedad. Ordené algo de ropa y me cambié para dormir. Momentos mas tarde estaba ya acostado leyendo nuevamente. En ese instante la puerta se abrió. Era Jadash y dijo que el también iba a leer algo antes de dormir.
        Se acostó aún vestido y se dispuso a leer. Pasaron unos cuantos minutos en donde no hubo interrupciones hasta que él abandonó su libro. Al parecer mientras se desvestía para dormir observó lo que yo estaba leyendo y quebró el silencio.

        -Daniel, qué es lo que estas leyendo? –Preguntó con tono intrigante.
        -El Lobo Estepario. –Respondí.
        -Aja, y quien escribió ese libro?
        -Hermann Hesse.
        -Y sabes que es alemán Hesse no? –Preguntó en tono aún más intrigante.
        -Si claro. Escribió éste y otros libros. –Respondí como queriendo entablar una conversación sobre el autor.
        -Y tu entiendes lo tanto que odiamos nosotros los Judíos a los alemanes verdad?

        El tono en su voz ya no era nada amigable, parecía dispuesto, al igual que con el joven noruego, a comenzar una nueva contienda.
Para mi interna desesperación, entendí rápidamente que estábamos encerrados en el cuarto. No estaba Elizabeth para mediar ni ninguna otra persona que pueda interferir si las cosas se iban al demonio. Decidí instantáneamente calmarme y tratar de arreglar la situación de la mejor manera posible.

-No estoy al tanto de tal odio. Creo que la gente de Alemania hoy día es muy distinta a la de hace sesenta años atrás. –Dije en tono serio pero intentando calmar las aguas.
-Pues no te creas, muchos de nosotros aún sentimos que queda algo pendiente. Qué ves tu de interesante al leer a ese idiota? Te crees idiota acaso? –En su tono la amenaza era tanto para el escritor del libro como para mí y tuve que hacer un esfuerzo inmensurable para no perder la calma.
-Este libro fue escrito mucho antes del gran problema que tuvo Alemania con la raza judía. No veo que exista una firme relación entre el libro o el escritor y los problemas que en el futuro vinieron.

Pareció entender mi punto y quedó callado. Siguió preparándose para dormir y antes de acostarse giró la cabeza sobre su hombro izquierdo y apuntando a mi dijo:

-Dime Daniel, estas nervioso? Acaso yo te pongo nervioso?

Antes de responder me tomé unos momentos. Sentí un miedo profuso pero tranquilo al mismo tiempo. Sabía que corría toda clase de riesgos. Jadash cada vez parecía buscar incisamente un encuentro violento. No quería bajo ningún motivo darle a entender una postura igual a la de él, pero al mismo tiempo no estaba dispuesto a sufrir ningún abuso, debía mantenerme firme. Se me vino a la mente la charla que tuvo con Tom y decidí que mis próximas palabras iban a ser de suma importancia, que podrían ser, para bien o para mal, la resultante de lo que estaba próximo de acontecer. Volví a mirar mi libro y entre risas calladas y de suspiros levanté la mirada diciendo:

-Por qué habría de estarlo? Estoy medio mundo alejado de mi hogar. Estoy solo en un lugar que desconozco y estoy compartiendo cuartos con gente que bien puede ser loca, asesina, o depravada. Crees que esos son motivos para estar nervioso?

Pareció gustarle mi respuesta y rió por lo bajo. Momentos mas tarde se recostó y hasta me saludó con un hasta mañana.


Los eventos poco comunes siguieron sucediendo en aquel hostel que tantos nervios me provocó. Todas esas situaciones que luego sucedieron me hubieran provocado estupefacción en cualquier otro momento, pero en aquel entonces ya mi cuerpo estaba demasiado alerta. Las cosas que viví en esas horas de alguna manera me hicieron más fuerte y hoy mismo aún me sorprendo ante las respuestas que di a Jadash. Creo que se descubren porciones ocultas de uno mismo durante las situaciones límites. Y claro queda, que el hecho de estar solo y alejado de lo que llamamos hogar condiciona a uno mucho mas. Las decisiones valen el doble y una total atención es siempre requerida. 
Una de las tantas reflexiones que pude sacar de mi estadía en aquel hostel es que muy a pesar de mi forma de ser y vivir aún tengo mucho por aprender. Siempre creí estar alerta y prestando atención a pequeñas señales que puedan ayudarme a tomar decisiones. Aquí el claro ejemplo de que aún hay un largo camino por recorrer; porque claro, si hubiera estado mas atento hubiera hecho caso al, por mas estúpido que parezca, presagio de la terrible lluvia y de la horrenda atención que el empleado me propinó cuando arribé al Weary Hostel.



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Todos los diálogos fueron en ingles excepto los indicados o los que involucraron al recepcionista.

8 comments:

  1. Termine de leerlo recién. Ahora tengo mas claras las cosas que me contaste aquella tarde en el bar de Boedo.

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  2. Super interesante relato.. ahora deberias probar Couchsurfing :) a ver cuando nos intercambiamos un par de email con novedades, creo que el ultimo lo escribiste vos.. a ver si robo algo de tiempo para contarte algunas historias. Parece ser que nuestros caminos deberian cruzarse de alguna manera nuevamente, aunque estoy de nuevo del otro lado del oceano.

    Por cierto, estoy in love con esto, esta mujer es increible: http://www.youtube.com/watch?v=S7gwucVpfsI
    http://www.youtube.com/watch?v=pllbccEX1Qk
    http://www.youtube.com/watch?v=UvvpVz_cHyQ

    Un abrazo!
    Cy

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  3. Me quedé pensando en dos cositas. La primera, nada nuevo, que uno entiende el presagio cuando ya pasó. Al menos en el tiempo en que vivimos. La otra, en relación a lo que decías al principio, que la visita obligada no suscitó lo que esperabas. Es loco como a veces sólo lo que uno no espera trae tremendas emociones, asi sea un pequeño detalle como tener que correr unos pasitos el tren y el corazón toc toc roc a mil, mientras que la grandeza de "lo que hay que ver", "lo que hay que hacer", "oh los antiguos" pueden darnos sensaciones de lo más común.

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  4. No leí todavía esto, pero lo voy a hacer.
    Paso a decirte que ayer tuve un sueño medio raro que involucraba una clase de Computación con un profesor que tuve en el polimodal, al cual detestaba casi, medio pajerto era, y resulta que nos enseñaba un método raro para escribir en un cartón comunacho una URL y poder hacer click en ella desde ahí... ¿Viste como cuando creás un enlace? Ponele que hacés una entrada de blog y escribís algo, seleccionás cierta palabra o frase y ponés "crear enlace", de manera que después las personas lo leen y pueden acceder a alguna página que le hayas incrustado... Bueno, en un cartón cualquiera escribía con marrón una página y mágicamente se convertía en un link. Y adiviná... escribía kingdomofloss.blogspot.com, re extraño, porque además es el título de tu blog y no tu dirección de blog... Bueno, buenas noches y ¡estaré por aquí de vuelta!

    P.D.: Por ahí mi comentario medio colgado con aquello de lo que trate tu entrada, ¡disculpá!

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  5. Sí, ¡quizás algo de eso haya sido!! Suelo tener presente este blog, quizás por eso jaja.
    Andá a saber... Ah y todavía no leí pero lo haré.
    ¡Cuidate che! Kingdom of loss... -CHAN CHAN.

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  6. Lo leí todo ya. Es buenísimo! Terrible. Una re aventura. Uno a veces piensa en que quiere que le pasen cosas extrañas/locas/interesantes... pero también hay que saber pasarlas! Respondías re bien a ese Jadash jaja. Si supieran que escribiste esto jajaja.
    Un beso che :)

    En parte... qué envidia :)

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  7. Hello

    Thanks for writing this blog, loved reading it

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  8. Sure np, you welcome.
    Thanks for the feedback

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