Monday, 26 January 2009

Charla Con Un Atardecer De Fondo

Todo estaba gris incluso el cielo. No llevaba reloj pero entendía que eran cerca de las 7:30. Esos otoños minutos en donde ya no hay sol y la noche está aún ausente siempre fueron mis favoritos.
El entorno de mi momento no era menos, me encontraba hablando con ella por primera vez en mi vida. Por 5 minutos no pude decir ni una palabra, un poco por no tener ganas, y otro poco por no poder, ella tenía una admirable coordinación para articular y ensamblar lo que viene antes y después de un punto, a tal punto y que por favor valga la redundancia, de casi no dejarme comprender cuando terminaba una frase y cuando empezaba la siguiente. Me había dicho su nombre pero ya no lo recordaba. Me contaba acerca de sus hazañas, de sus logros y de sus lamentos. En este punto debo ser honesto y aceptar que desviaba mi vista hacia el ocaso. Creo que no se daba cuenta de mi desatención, yo ya le preguntaba a mi cabeza cómo era que nuestra charla había comenzado. Estaba en una plaza, sin recordar adonde iba ni de donde venía, y yo seguía re-ojeando el ocaso, hermoso. De repente noté un silencio, los sonidos agudos ya no estaban presentes y me sentí desorientado por un momento. Repuse la vista, acomodé los oídos y me di cuenta de que ella ya no estaba hablando, peor aún, estaba mirándome como esperando una respuesta, supuse que había preguntado algo. Fue un momento difícil, en el afán de no quedar mal y ser respetuoso tuve unas ganas increíbles de poder hacer memoria y recordar su pregunta, y para mi sorpresa, pude hacerlo. Le conté que yo tenia varios trabajos, que tenía mis estudios universitarios por la mitad, pero que mucho no me llamaban la atención, y que todo eso en realidad eran para mi cosas sin mucho sentido, superfluas. En ese punto su cara cambió, estaba como desconcertada, parecía no gustarle lo que yo había dicho con lo cual supe entender su visión de la vida. Nacer, estudiar, trabajar, tener hijos, ser feliz, envejecer y morir.
Para ese entonces ya estaba convencido en que me iba a resultar mas entretenido terminar de disfrutar los pocos minutos que quedaban antes de que la noche viera luz. Le dije entonces que amaba la música, la literatura y que estaba muy a gusto con la gente bohemia que no seguía las reglas, y que yo esperaba firmemente nunca convertirme en una de esas personas rutinarias que andan por la vida preguntándose que tan lindo es el crepúsculo. Se lo señalé al mismo tiempo que decía la última frase, y luego la miré. Se rió de forma rara, y me dijo que tenía que irse.

Yo también me sentí raro, pero me quedé con mi atardecer.

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